LA PREGUNTA (microrelato)


El calor de medio día era insoportable, y peor dentro de las latas del autobús. Un sopor húmedo y transparente hacía que las manos de la mujer suden, allí de pie, agarrada a un tubo soldado al techo, que hacía resbalar su mano conforme frena o arranca el automotor. Lo que no se resbalaba era su otra mano asida fuertemente a su pequeña de siete años, que con sonrisa a flor de labios, mostraba contenta la ventana que había dejado la ausencia de su primer diente perdido.
Un sacudón en la mano le hizo bajar la vista, que la tenía puesta en la ventana, pese a que su mente la tenía en otro lado: la comida, el dinero del préstamo, la escuela de su pequeña…

— ¿Qué pasa mija?
— ¡Lo vi mami! ¡Lo vi!
—A quién viste mi reina— le indagó sonriéndole.
—A él mami, al que sale en la tele, al bigotón ese, que alza la mano y pasa con una camisa blanca. El de la tele…

“Ahhhh el alcalde” piensa, y se le retuerce el estómago al pensar en él.

—En donde lo viste mi amor
—Allá, donde está bastante gente, y estaba alzando sus brazos y sonriendo, igualito…
—Ya, mi amor. Es una persona como cualquier otra, tranquila.
— ¿Es una persona importante mami? Porque lo he visto mucho en la tele, ofreciendo cosas, a la gente.

Un sudor vertical le recorre por entero a la mujer, al recordar que ella misma fue agredida por la policía metropolitana cuando intentaba vender algo en las cercanías del mercado municipal. Policía enviada por el alcalde. Recuerda como fue golpeada por los toletes y confiscada su escasa mercadería que con tanto trabajo le costó reunir. “Maldito” piensa.

—No todo lo que dice la tele es verdad mija, es un señor como cualquier otro.

Ahora se fija lo que la ventana le ofrece, y repara que a pocos kilómetros del centro, donde hay todos los servicios básicos, carros de lujo, edificios con gente encopetada, bancos, pavimento en las calles, se encuentra su barrio, su hogar, en un extremo completamente diferente, sin agua, sin pavimento, plagado de lodo y delincuencia.

Al llegar, se apresura a la salida, batallando con cuerpos que, así como ella, intentan llegar a su “hogar”. Llega a la puerta y aprieta el botón de parada. El bus se detiene, baja la niña, con la sonrisa contenta, sin inmutarle su mundo de inmundicia. Baja la mujer y al primer paso siente el agua en los pies, aquella del aguacero del día anterior, encharcada y contaminada con las agua negras y verdes. Se moja, y observa a su hija hacer malabares para cruzar la enlodada calle.

— ¡Tenga cuidado mi reina!— le grita haciendo cono las palmas de las manos

“Maldito” sigue pensando…

© Patricio Sarmiento Reinoso

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Acerca de Patricio Sarmiento Reinoso

Poeta, escritor, blogger ecuatoriano Ver todas las entradas de Patricio Sarmiento Reinoso

4 responses to “LA PREGUNTA (microrelato)

  • cielo claro

    Te leí en face, pero vengo a leerte en la paz de tu blog otra vez, porque tu cuento es un entero que se ha de leer más de una vez. Me gusta como relatas y dejas al lector ser partícipe de lo que vas entregando en cada sensación que se lee en todo este espacio.Vengo entonces con el corazón plasmado de emociones para dejarte mis felicitaciones y mi abrazo. No dejes nunca de escribir… la madera que tienes es de encanto.Abrazos chilenos para ti.

  • Patricio Sarmiento Reinoso

    Freya un inmenso gusto tenerte por estos rincones, sabes que eres bienvenida. Gracias por tus palabras que incentivan y abrazan…En tu comentario del face me decías que es un relato vivencial, pues de cierta forma sí lo es, porque al escribir me inserto de lleno en el personaje, esa es la ventaja de escribir, poder ser quien sea, e imaginarse todo tipo de situaciones y sensaciones…. Ahora soy una mujer, una madre, en otro espacio un esclavo negro, etc. Me encanta escribir Freya, y tengo muchos relatos que pienso compartirte…Un abrazo redondo y fuerte para ti, poeta querida…

  • Memo

    Me encontré con gratas sorpresas. Dale.Síguele. Saludos desde UIO.

  • Nicolàs y Graciela

    Patricio, aquì tambien tenemos un alcalde… el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires (Mauricio Macri) y una policia metropolitana, creada y comandada por èl para barrer a la ciudad de pobres, indigentes y cartoneros, o cualquiera que trate de ganarse la vida dignamente en la calle, vendiendo. La madre y la hija de tu cuento podrìan ser argentinas a bordo de un colectivo de los nuestros. La marginalidad, la carencia y el desprecio de los poderosos por los humildes es, me parece, un tema universal.Mis cariños,Graciela

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