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tu nombre

En torno al mar clavo tu nombre, ese que se enreda en un grito mudo con sabor a campana, aquel que tendía raíces de fuego en nevada sentencia, el que instalaba su encaje de piel en lontananza.

 

Bajo las sombras de clavicordios perdidos o espejos, tu nombre suplica y se evapora, como nísperos que florecen horas de piedra y perfume, e insisten en pintar con ladridos de hueso, el mango del puñal crucificado.

 

La noche es una mueca clandestina, una torpe interpretación de una muralla, un destello opaco de besos, como si un martes de sal se rompiera, y regara sus gotas en la dúplice voracidad de la mañana.

 

En torno a la lluvia sucumbe tu nombre, un clavo en el fondo del mar lo encadena.

 

©Patricio Sarmiento Reinoso


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en estos días

A Lu

Estos días han sido versos sin escarcha,

un nido de fuego germinado en la noche

madera dulce que desgrana caricias

expone la música de tus ojos y cabellos,

aquellos de sol y mundos mezclados.

 

Recuerdo el pasado en estos días,

un tiempo sereno de auroras escalares

bordeado de horizontes o tardes perfectas

y revivo la espesura de tu boca

un rojo hálito de enorme ternura.

 

Con tus manos del color de la nívea greda,

inventaste cada hora suavizada en tu pulso

y me entregaste tu aliento sumergido

en cataratas de piel o estrecha latitud

donde galopa y se desboca

los cristales dormidos que tejen mi corazón.

 

Hoy se termina el año y escribo,

letras de agua sobre tu arquitectura de mujer

voy a beber el vino de tu copa en vilo

y contar los doce latidos que dejan sin vida este tiempo

te tomaré de la mano y saciaré mis sed con tu beso

 

©Patricio Sarmiento Reinoso


c e n i z a

tus aguas me mojan, me secan, me envenenan  me quedé con tu papel dormido: tu ceniza  ahora escribo el sudor de mis pestañas  tornando estrofas de un fuego que nieva  en letras o dulce dolor de las espinas.

la noche destila una mariposa o limbo

donde tus ojos de sal son una oscura calma

me invento versos descarnados sin rumbo ni pupilas

para calmar la ceniza que mis labios llevan

y trazo bocas en el mar que no se olvidan.

 

tus aguas me mojan, me secan, me envenenan

me quedé con tu papel dormido: tu ceniza

ahora escribo el sudor de mis pestañas

tornando estrofas de un fuego que nieva

en letras o dulce dolor de las espinas.

 

porque el cielo cuelga tu nombre y tus mejillas

se me incrusta tu voz en la ceniza

cuatro girones que mi alma aun vestía

áspera sangre que no fluye ni corre ni canta

eres del ayer la otra orilla.

 

la noche destila un rayo lunar de sol

yo alumbro mi arcilla en tu ceniza.

©Patricio Sarmiento Reinoso


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