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Formas

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A Lu

Tu amor tiene forma incierta, a veces se traduce en gotas profanas de humedad y desvelo, caricias con vida propia, sonidos de témpera y almizcle, susurros clandestinos al borde de tu beso, salmo o delirio.

Sin duda inscribes tu aroma de fuego y pasión, en cada centímetro cuadrado de tu misterio de mujer, aquel cendal que amanece sobre trueno invisible, que respira mi liquen desnudo: mi ser.

Es frontera tu espalda, tus ojos son breves pedazos de historia infinita, juntos. Mi pecho cavita y se encadena a tus sueños cardinales, a tu forma perpetua en cálido lecho, a tu cielo de brazos abiertos y profundos.

Tu amor tiene forma definida, escribiré poesía en la punta de tus senos.

©Patricio Sarmiento Reinoso

14 de febrero de 2012

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Quiero abrazarme a tu nombre

¿Cuánto fuego encierra tu nombre? Eres signo primero o resuello inverosímil que pinta con sonidos de luz, aquel camino salvaje hacia las estelas de tu pelo.

 Quiero abrazarme a tu nombre de arena, y pesar los sentidos que amanecen junto a ti. Quiero poder dar forma a mis agrietadas manos instaurando en ellas tu cuerpo, y beber la lluvia pequeña desde la comisura desnuda de tus labios.

 Tu nombre es como tú: es transparencia que sabe a frontera o aurora que arde. Tu nombre se imprime en el nimbo del viento, por eso es arcilla y raíz, llama que tiñe mi cuerpo con el color irascible de tus besos.

 ¿Cuántos versos encierran tu nombre?  Los justos: Lucía.

 

©Patricio Sarmiento Reinoso

derechos reservados de autor: Patricio Sarmiento


retrato (poesía)

a Lu

Amo a la mujer que me ama y recuerda mis latidos, a la que pinta una luna sin tinieblas o rencores. Amo a esa mujer, luciérnaga o fanal cenital, que ilumina cada hilo incrustado en mi mar.

Y no sólo la amo, sino que bebo de sus retinas de carmín acelerado, y me dejo quemar en lo impalpable de su desnudez compañera.

Cuando la toco, se alivian los sentidos, surge su cabello que puebla el mundo alborotado: yo lo respiro, silvestre, y lo enredo en mis manos y caminos, germina y se abandona entre mis hambrientos dedos.

Amo a la mujer que me ama y recuerda mis poemas, a la que pinta de besos mis noches, mujer cordillera en cuyos montes renace cada día la vida…

 

©Patricio Sarmiento Reinoso

 


en estos días

A Lu

Estos días han sido versos sin escarcha,

un nido de fuego germinado en la noche

madera dulce que desgrana caricias

expone la música de tus ojos y cabellos,

aquellos de sol y mundos mezclados.

 

Recuerdo el pasado en estos días,

un tiempo sereno de auroras escalares

bordeado de horizontes o tardes perfectas

y revivo la espesura de tu boca

un rojo hálito de enorme ternura.

 

Con tus manos del color de la nívea greda,

inventaste cada hora suavizada en tu pulso

y me entregaste tu aliento sumergido

en cataratas de piel o estrecha latitud

donde galopa y se desboca

los cristales dormidos que tejen mi corazón.

 

Hoy se termina el año y escribo,

letras de agua sobre tu arquitectura de mujer

voy a beber el vino de tu copa en vilo

y contar los doce latidos que dejan sin vida este tiempo

te tomaré de la mano y saciaré mis sed con tu beso

 

©Patricio Sarmiento Reinoso


c o m p a ñ e r a

Quiero besar el universo de tu piel, rara constelación de golondrinas o pestañas. Tu voz apretada y líquida, emerge del concilio encendido de tu boca que, al susurrar un te amo en la almohada, predices las horas que mantienen intactos, los latidos poseídos de mañanas.

Te amo claroscura, azul marina, rubia que asciende su exhalación de cobre y locura, hacia un cielo que proyecta racimos de luz en mi horizonte. Te amo primitiva y espesa, mujer canicular, de vientos y asombros. Mujer que dictas la cátedra de ser madre.

Compañera.

©Patricio Sarmiento Reinoso


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