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Errante…

 

Me suspendo en la noche, con una cuerda de cristal atada a mi pecho. Soy un clavo huérfano de crepúsculo, una piedra nocturna que no respira ni siquiera cenizas, un vidrio bohemio y enmohecido de silencio, un estertor sin saliva.

Vago errabundo, con el corazón deshabitado, sobre las horas enconadas del día. Llego a la puerta de tu casa y no me atrevo a tocar, siento mil hojas de navaja cortando la sangre negra de mi torrente, un frío vertical, una penumbra con el salobre color del olvido.

Le doy la vuelta a los segundos que pasan, ansío beber tus ojos nuevamente, ansío tu perfume congelado en mi garganta, tus pechos resurrectos sobre los míos. Sé que no sucederá nunca más. Te fui infiel. No perdonarás.

Regreso con el pecho despeñado, con la desvanecida cerrazón de tu recuerdo escudriñando mi sombra. No miro hacia atrás, pero sé que algún ojo me miró la espalda caída. Tal vez ella. Tal vez…

 

©Patricio Sarmiento Reinoso


lluvia o soledad

El tiempo se queja sin contracción alguna, la húmeda realidad me talla muecas descalzas en el concreto de mi espalda, siento el acre color de la muerte en el paladar, debe ser el limbo de tu ausencia en la memoria o la miope poesía que se escarcha en los filos del silencio.

la lluvia escupe lágrimas y escorpiones allá afuera, salgo de mi refugio y elevo mis manos al suelo. Las gotas, cual cuchillos calcinados, golpean mis raíces, mis rostros, mis follajes. Entiendo que puedo llorar sin idioma ni sentencia, sólo la sangre de mi acorde lo sabe.

dos resuellos sin sotana se entrelazan a golpes a lo lejos, lo sé por el olor a rapiña o metralla que se cuela en cualquier alcantarilla a la deriva, mis ojos columpian tu recuerdo asesinado, una palabra se agita en mi garganta pensando que puede volverse un nombre

el tiempo se queja entre las furias de mi cuello, la húmeda soledad me envenena.

 

©Patricio Sarmiento Reinoso

 


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