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Te veo

Detrás de tus ojos te veo,
mujer dormida en silencios de sal y madera,
tendida desnuda,
sobre un acorde de fuego que aún palpita,
bebiendo a sorbos cortos mis letras,
intuyes sola,
la permanencia de una estrella.

Hoy en tu nombre crecen,
tus llantos, tus hijos, tus maravillas,
mujer origen o trinchera encendida,
de las orillas de tu cuerpo brotan mañanas sin sombra,
noches sabor a campana y fuego helado,
misterios encendidos que multiplican caricias.

Detrás de un poema te veo,
mujer de turgencias asesinas
de tus pechos llueven versos y navajas,
eres cristal o relámpago o espejismo,
silencio impasible que derrama primaveras,
eres sin duda,
la frontera inmortal donde se posan mis besos.

©Patricio Sarmiento Reinoso

Feliz ‪#‎Diadelamujer‬

‪#‎TierradePoetas‬‪ #‎LetrasdelSur‬

 

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Las palabras

Fotografía de Jacob Sutton

Fotografía de Jacob Sutton

Inquieto resplandor de arcilla

emana el poeta

sangre de letras y árboles y pestañas

que giran el nombre del agua

y transfiguran piedras pensativas

en palabras

un relámpago suspira luces y pájaros

la noche se desviste y canta

tu poesía finge ser esquina o entraña

acaso verso, recuerdo, o camino

yo la recorro y la leo sin ojos

sólo con ventanas

por donde ingresan tropezando

tus palabras

al pie de un mundo me siento y escribo

desde adentro me veo en gemidos

la letra es tiempo

es latido llorando luz, o ladrillo

escribo colgado de la tierra

una vocal estalla

en mil palabras

Tranquila mirada de sangre

bebe el poeta…

©Patricio Sarmiento Reinoso

 


Tríptico de Recuerdos

"

La piel queda expuesta junto con tu recuerdo, y palpita serena en la memoria, con un pálpito cenital en las entrañas, un parpadeo de fuego o escama, que se instala de lleno en el silencio, se revuelca con la sombra o cadena y rebusca tus ojos en las orillas perdidas del ayer.

Y fue precisamente en tus ojos que me interné por entero, descubrí el follaje de tus pestañas de aluminio y relámpago, me aventuré y moré en ellos, sujeto de una mirada que tenía mirada propia, y me envolvía nocturno para yacer en ella, como si un mar hecho cielo me mirara.

Pero ahora que el recuerdo se hizo piedra que respira, que las palabras se expanden y crepitan junto al fuego, puedo evocar tu longitud de mujer: una mujer descalza y desnuda, que me embestía con besos de niebla y carmín. Me percibo tantas veces anegado en su humedad de mujer.

La piel se manifiesta de frente al recuerdo. Un latido la mira…

©Patricio Sarmiento Reinoso


Dos

Dos silencios gimiendo éramos,
abrazados de besos y piernas,
cerníamos las horas de la noche,
entre sábanas y susurros clandestinos.

Hallábamos auroras resurrectas de cristal o espanto,
empañando ventanas y suspiros
nos bebíamos completos,
en caída vertical,
sin vértigo alguno,
hacia las fronteras perpetuas
de nuestros cuerpos.

Dos gemidos silenciosos fuimos…


Errante…

 

Me suspendo en la noche, con una cuerda de cristal atada a mi pecho. Soy un clavo huérfano de crepúsculo, una piedra nocturna que no respira ni siquiera cenizas, un vidrio bohemio y enmohecido de silencio, un estertor sin saliva.

Vago errabundo, con el corazón deshabitado, sobre las horas enconadas del día. Llego a la puerta de tu casa y no me atrevo a tocar, siento mil hojas de navaja cortando la sangre negra de mi torrente, un frío vertical, una penumbra con el salobre color del olvido.

Le doy la vuelta a los segundos que pasan, ansío beber tus ojos nuevamente, ansío tu perfume congelado en mi garganta, tus pechos resurrectos sobre los míos. Sé que no sucederá nunca más. Te fui infiel. No perdonarás.

Regreso con el pecho despeñado, con la desvanecida cerrazón de tu recuerdo escudriñando mi sombra. No miro hacia atrás, pero sé que algún ojo me miró la espalda caída. Tal vez ella. Tal vez…

 

©Patricio Sarmiento Reinoso


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